Yo soy de café, con leche, caliente y en taza grande. Es la única decisión clara que tengo al día. A partir de ahí empieza un cúmulo de bifurcaciones que alucinas.
¿Te ha pasado? Que estás frente al menú de la vida y, de pronto, hay como 24 opciones de café, con 5 tipos de leche y 3 toppings, y tu cerebro entra en modo análisis-parálisis. Y lo que decides es que tienes que decidir rápido, ya, porque la vida no espera.
Recolócate es el nombre de este post porque, según mi experiencia, a veces no nos colocamos en la postura adecuada para tomar decisiones. Falta criterio, falta claridad, estamos en bucle.
El primer gran enemigo: el sobreanálisis
Si en el menú tuvieras solo café, café con leche, americano y cortado, otro gallo cantaría. Pero cuando hay 20 tipos de café con distintas leches y cantidades, empiezas a cruzar todas las posibilidades. El sobreanálisis no te da más claridad, te da insomnio
Imagino una sala de reuniones donde tu parte racional se ha reunido con muchísimos PowerPoints, estadísticas y tablas de Excel con informes de pros y contras. Detrás de la puerta, tu parte intuitiva y tu parte emocional esperan con la oreja pegada, un poco molestas por no haber sido convocadas.
Es como tener un equipo de 10 personas dispuestas a ayudarte y solo escuchar a 2. Los otros ocho están ahí, esperando a que les mires.
La gran tríada: razón, emoción e intuición
Las decisiones realmente buenas se toman cuando las tres partes están alineadas: cuando tu corazón no grita, tu cuerpo no se encoge y tu mente no entra en bucle.
La razón te dirá: «este trabajo tiene buen sueldo, buen horario y está a 10 minutos andando». Pero la emoción preguntará: «¿te hace sonreír?». Y notarás una sombra que quieres acallar cuando la intuición susurre: «no sé, algo no me huele bien…». Deberías escuchar a las tres.
El caso de Pedro: cuando el miedo bloquea hasta la razón
Pedro llevaba ocho años en un cargo estable en una multinacional cuando le llegó una oferta muy interesante en un sector que le hacía ilusión. Lo primero que soltó en sesión fue «me han hecho una oferta», y a partir de ahí empezaron a salir todas las dudas.
Aunque Pedro tenía muy buena capacidad de análisis, el miedo y el bloqueo le impedían incluso analizar bien, que era su punto fuerte. Cuando empecé a preguntarle qué sintió al entrar en esa empresa, qué color le pondría a esa situación, si se le abría o se le cerraba el corazón, le incomodó mucho: eran preguntas que abrían la puerta a dos desconocidas, la emoción y la intuición, que no se basan en datos ni estadísticas.
Los impedimentos: el miedo con voz incisiva
¿Qué miedo te paraliza hoy? ¿El miedo a equivocarte, a que te hagan daño, a lo que venga después, a perderlo todo, al qué dirán? Hay montones para elegir.
No hay ningún miedo mejor que otro, es cuestión de grado. En su justa medida son útiles, agudizan los sentidos. Pero si les dejas el micro, se montan un monólogo insoportable.
Cómo aislar la X que te bloquea
El impedimento es la X que hay que aislar: lo que impide que tu toma de decisiones sea fluida. Puede venir de una experiencia de los 15 años que ya no tiene sentido protegerte a los 30. Puede venir de tres generaciones atrás, como el miedo a perder dinero heredado de un tío abuelo que se arruinó. También puede ser el miedo a «la tarea de después» (comprar esa casa de campo está genial, pero hay que regar el huerto) o el beneficio oculto de no decidir, esa vocecita que te dice «mejor quédate en el sofá».
Siéntate con ese miedo, dale un té y pregúntale con calma: «¿para qué estás tú aquí?».
Cómo hacer la prueba: dale el micro a cada parte
- Empieza con la razón. Déjala hablar, que anote pros y contras, estadísticas, diagramas de flujo.
- Pásale el micro a la intuición. ¿Qué color tiene la opción A? ¿Te atrae o te repele? ¿Sientes calidez o tensión?
- Pásale el micro a la emoción. Cuando piensas en la opción A, ¿se te abre o se te cierra el corazón? No lo pienses, solo dilo.
Pilar, una emprendedora brillante, estaba atascada entre seguir creciendo sola o fusionarse con otra empresa. Ningún análisis la sacaba del bucle, hasta que hicimos una meditación guiada donde bailaba con cada opción. Con la opción A, hasta me dijo qué tipo de música tocaban. Eso reveló mucho más que cualquier Excel.
Vale la pena optimizar el proceso
Según el investigador Brian Wansink, de la Universidad de Cornell, tomamos más de 200 decisiones diarias solo relacionadas con la comida, y se calcula que unas 35.000 en total entre conscientes e inconscientes.
Cuanto más pongas atención por debajo del estómago, más intuyes. Cuanto más te permitas emocionarte, más fácilmente lo sentirás. Razón, intuición y emoción, en su justa medida.
Preguntas frecuentes sobre toma de decisiones
¿Por qué me cuesta tanto tomar decisiones?
Normalmente por sobreanálisis (exceso de información sin filtro) combinado con miedo, que juntos bloquean incluso la parte racional que crees más fuerte.
¿Cómo sé si un miedo me protege o me bloquea?
Si el miedo agudiza tus sentidos, te ayuda. Si te paraliza, te maltrata o aniquila cualquier atisbo de razón, es momento de aislarlo y preguntarle de dónde viene.
¿Qué papel juega la intuición en decisiones importantes?
La intuición capta cosas que la razón no traduce a tiempo. Preguntarte qué color o sensación corporal te genera una opción puede revelar más que cualquier tabla de pros y contras.
¿Cuántas decisiones tomamos al día?
Se estima que unas 35.000, entre conscientes e inconscientes, según investigaciones sobre comportamiento humano.
Escucha el episodio completo en el pódcast Infinito TÚ, episodio 05. Si quieres tomar tu próxima decisión con acompañamiento, escríbeme aquí.



